
Aguantar las ganas de orinar es algo que todos hemos hecho. En una persona sana, hacerlo generalmente no representa un problema importante.
Sin embargo, como urólogo, es importante diferenciar una situación ocasional del hábito frecuente de retener la orina durante largos periodos. La vejiga está diseñada para almacenar orina, pero también necesita vaciarse regularmente. Cuando ignoramos repetidamente las señales que indican que está llena, podemos favorecer algunos problemas urinarios y, en determinadas circunstancias, las consecuencias pueden llegar a comprometer las vías urinarias superiores y los riñones.
La vejiga es un órgano muscular que se expande progresivamente mientras almacena la orina producida por los riñones. A medida que se llena, los nervios envían señales al cerebro que generan la sensación de necesidad de ir al baño.
Podemos controlar voluntariamente la micción durante cierto tiempo gracias al funcionamiento coordinado de la vejiga y los esfínteres. El problema puede aparecer cuando retrasar la micción se convierte en una práctica frecuente y se mantiene la vejiga excesivamente llena durante periodos prolongados.
Una retención ocasional no suele causar daño permanente en una vejiga sana. Sin embargo, la retención urinaria crónica es una situación diferente.
Cuando la vejiga permanece excesivamente distendida o no consigue vaciarse adecuadamente durante mucho tiempo, su músculo puede perder eficiencia. Esto puede provocar que quede una cantidad importante de orina después de ir al baño, lo que conocemos como residuo posmiccional.
Por eso debemos prestar atención cuando una persona siente constantemente que no logra vaciarse, necesita hacer fuerza para orinar o tarda demasiado en completar la micción.
Vaciar regularmente la vejiga forma parte de los mecanismos naturales que ayudan a mantener saludables las vías urinarias. Cuando existe un vaciamiento incompleto y queda orina residual de forma persistente, pueden generarse condiciones que favorezcan la proliferación de bacterias.
Esto puede aumentar el riesgo de infecciones urinarias en determinadas personas, especialmente cuando existen otros factores predisponentes. No significa que aguantar las ganas de orinar una vez vaya a producir automáticamente una infección, pero convertirlo en una costumbre no es recomendable.
En condiciones normales, retrasar ocasionalmente una visita al baño no provoca daño renal. Para que los riñones se vean comprometidos suele existir una alteración más importante y persistente del flujo urinario.
Cuando hay una retención urinaria significativa o una obstrucción que impide que la orina salga correctamente, la presión puede transmitirse hacia las vías urinarias superiores. En casos graves o prolongados puede producirse una dilatación del sistema urinario, conocida como hidronefrosis, y eventualmente afectar la función renal.
Por esta razón, la dificultad persistente para vaciar la vejiga sí debe ser estudiada.
En los hombres, especialmente con el paso de los años, el crecimiento benigno de la próstata es una causa frecuente de problemas para orinar. Al aumentar de tamaño, la próstata puede generar resistencia a la salida de la orina.
Un chorro débil, interrupciones durante la micción, necesidad de hacer fuerza, goteo posterior o sensación permanente de que todavía queda orina en la vejiga son síntomas que justifican una evaluación urológica.
No existe un número exacto de horas que sea adecuado para todas las personas. La frecuencia depende de cuánto líquido se consume, la temperatura, la actividad física, algunos medicamentos y las características individuales de la vejiga.
La recomendación general es escuchar las señales del organismo. No es necesario acudir al baño ante la mínima sensación de llenado, pero tampoco acostumbrarse a ignorar durante horas unas ganas intensas de orinar.
Una situación especialmente importante es sentir muchas ganas de orinar y no poder hacerlo. La retención urinaria aguda puede provocar dolor intenso y distensión en la parte inferior del abdomen y requiere atención médica rápida.
También debemos consultar cuando aparecen dificultad progresiva para iniciar la micción, chorro muy débil, necesidad frecuente de hacer fuerza, sensación de vaciamiento incompleto, infecciones urinarias repetitivas o pérdidas involuntarias de orina.
Desde la urología podemos determinar si detrás de estos síntomas existe un problema prostático, una obstrucción, una alteración en el funcionamiento de la vejiga u otra condición que esté dificultando el vaciamiento normal.
* Recuerda, esta entrada es informativa y no reemplaza la consulta directa con un profesional de la salud.
Contenido Protegido con Derechos de Uso de su contenido
Sobre el autor