
Ver sangre en la orina puede causar preocupación, especialmente cuando aparece de forma inesperada y sin dolor.
En urología conocemos este hallazgo como hematuria y, aunque existen causas muy diferentes que pueden explicarlo, hay algo que siempre debemos tener claro: no es un síntoma que debamos normalizar ni dejar pasar esperando que desaparezca definitivamente.
Como urólogo, recomiendo consultar incluso cuando la sangre aparece una sola vez y posteriormente la orina recupera su aspecto habitual. Una infección urinaria, un cálculo o determinados problemas de la próstata pueden ocasionarla, pero también puede ser la primera manifestación de enfermedades que necesitan un diagnóstico temprano. Investigar su origen es la única manera de saber qué está ocurriendo.
La hematuria ocurre cuando existen glóbulos rojos en la orina. Puede presentarse de dos maneras principales. Hablamos de hematuria macroscópica cuando la sangre puede observarse a simple vista y la orina adquiere tonalidades rosadas, rojizas o marrones. En algunos casos incluso pueden aparecer coágulos.
También existe la hematuria microscópica, que no produce cambios visibles y se descubre mediante un examen de orina. Ambas situaciones pueden requerir valoración dependiendo de las características y factores de riesgo del paciente.
Las infecciones urinarias pueden provocar inflamación e irritación de las vías urinarias y, en algunos casos, producir sangre en la orina.
Habitualmente aparecen otros síntomas como ardor al orinar, necesidad frecuente de ir al baño, urgencia urinaria y molestias en la parte baja del abdomen. Cuando la infección alcanza las vías urinarias superiores también pueden presentarse fiebre, escalofríos o dolor en la espalda.
Aunque los síntomas parezcan compatibles con una infección, es importante confirmar el diagnóstico y recibir el tratamiento indicado.
Los cálculos urinarios son otra causa frecuente de hematuria. Cuando una piedra se desplaza desde el riñón hacia el uréter puede irritar las paredes de las vías urinarias y provocar sangrado.
En estos casos, la sangre puede acompañarse del característico cólico renal: un dolor intenso en la espalda o uno de los costados que puede desplazarse hacia el abdomen, la ingle o los genitales. Sin embargo, algunos cálculos pueden producir sangre sin ocasionar un dolor tan evidente.
En los hombres, determinadas alteraciones de la próstata también pueden estar relacionadas con la hematuria. El crecimiento benigno de esta glándula, conocido como hiperplasia prostática benigna, puede ocasionar sangrado en algunos pacientes.
Además, pueden existir síntomas como chorro urinario débil, dificultad para comenzar la micción, aumento de la frecuencia urinaria o sensación de vaciamiento incompleto.
La presencia de sangre no permite determinar por sí sola cuál es el problema, por lo que requiere una evaluación adecuada.
Una de las razones más importantes para no ignorar la hematuria es que puede ser una manifestación de algunos cánceres del sistema urinario, entre ellos los de vejiga o riñón.
Esto no significa que encontrar sangre en la orina sea sinónimo de cáncer. Muchas veces existe una causa diferente. Sin embargo, algunos tumores pueden producir sangrado sin dolor y sin otros síntomas durante sus primeras etapas. Precisamente por eso, que no exista dolor no convierte el sangrado en algo menos importante.
No necesariamente. Algunos alimentos, medicamentos y pigmentos pueden modificar temporalmente el color de la orina y hacer que parezca rojiza.
También es importante diferenciar el sangrado urinario de otras posibles fuentes, como el sangrado vaginal. Ante la duda, un análisis de orina puede ayudar a establecer si realmente existe hematuria.
Lo que no recomiendo es asumir por cuenta propia que el cambio de color se debe a algo que comimos cuando no tenemos una explicación clara.
La sangre visible en la orina merece valoración médica incluso si aparece una sola vez, desaparece espontáneamente o no produce dolor. El estudio dependerá de la edad, antecedentes, síntomas asociados y factores de riesgo de cada paciente.
La atención debe ser más rápida si el sangrado es abundante, aparecen coágulos, existe dificultad o imposibilidad para orinar, o se acompaña de dolor intenso, fiebre o malestar importante.
Durante la evaluación podemos utilizar análisis de orina, estudios de imagen y, cuando está indicado, procedimientos para observar directamente el interior de la vejiga. El objetivo no es únicamente confirmar que hubo sangrado, sino descubrir de dónde proviene y qué lo está causando.
* Recuerda, esta entrada es informativa y no reemplaza la consulta directa con un profesional de la salud.
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