
El prolapso uterino afecta a millones de mujeres e influye en el deterioro de su calidad de vida.
Ocurre cuando los músculos y los ligamentos del suelo pélvico se estiran y se debilitan. Entonces dejan de proporcionar un sostén adecuado para el útero, que se desliza hacia la vagina o sobresale de ella.
Puede afectar a mujeres de cualquier edad, aunque suele hacerlo con las mujeres posmenopáusicas que tuvieron uno o más partos vaginales. Eso, sumado a factores genéticos, estreñimiento crónico, cirugías abdominales o pélvicas, está dentro de las razones del prolapso uterino.
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El prolapso uterino se gradúa según el nivel de descenso:
Primer grado: hasta el tercio superior de la vagina
Segundo grado: hasta el introito
Tercer grado: el cuello uterino llega más allá del introito
Cuarto grado: el útero y el cuello salen completamente por el introito
Los síntomas más comunes del prolapso uterino son: dolores en el bajo vientre, incontinencia urinaria, estreñimiento, sensación de tener un bulto en los genitales, molestias al caminar o al realizar ejercicio, dolor en las relaciones sexuales, nauseas, etc.
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Cuanto antes se detecte, más sencillo es de tratar, con solo un cambio en los hábitos de vida y con ejercicios. El 70% de los casos son de prolapsos leves y requieren tratamiento conservador.
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