
La Torsión Testicular es un evento súbito que genera disminución o interrupción de la irrigación testicular.
Ella puede desaparecer espontáneamente, es decir autolimitarse, o permanecer y generar la consulta por el dolor. Es más común en el hombre joven y, ocasionalmente, en adultos o en el recién nacido. Existen dos tipos de torsión testicular (Figura 9).

Es más frecuente en la pubertad, con una incidencia de 1 en 4000.
Los signos y los síntomas son el dolor testicular agudo de aparición súbita, que se puede acompañar de náuseas, vómito y dolor abdominal. Estos síntomas se pueden resolver espontáneamente o desencadenar un cuadro clínico progresivo, que, en sus inicios, es claro, pero en el que, con el paso de las horas, la evolución del dolor y el edema dificultan el diagnóstico.
Una de las causas de la torsión testicular es el defecto de la fijación testicular al escroto, lo que permite la rotación de la gónada sobre su eje y el cordón, y genera colapso venoso, arterial y linfático. Luego, se genera un edema progresivo y necrosis del órgano, que se establece más o menos entre 6 y 8 horas después de iniciado el cuadro clínico.
Un efecto que predispone a la torsión testicular es el aumento del peso del testículo en la pubertad, asociado con la falta de fijación de la gónada por el gubernaculum testis. Si el cuadro no se revierte o se resuelve, se presentan complicaciones como hidrocele, hemorragia, infecciones y pérdida del testículo.
No retirar el testículo necrosado resulta en un factor de riesgo de tumores y generación de anticuerpos antiespermáticos, lo cual genera daño del testículo sano e infertilidad. Otros cuadros con presentación similar (diagnóstico diferencial) son los siguientes: torsión de hidátide, hidrocele a tensión, epididimitis, hernia inguinal, trauma, tumores, reacción alérgica y picaduras.
El paciente anota un cuadro de aparición súbita, por lo general, durante el sueño, con náuseas y vómito. Además, refiere un dolor intenso y progresivo. Al hacer el examen físico, el paciente se encuentra postrado por dolor, con asimetría escrotal y ascenso de la gónada. Si se observa un punto negro en el testículo, se debe sospechar torsión de la hidátide. A la palpación del cordón, se observa acortamiento, sensación de nudos, ascenso testicular, y el dolor no desaparece al elevar el testículo.
Como apoyo al examen físico, se pueden realizar estudios complementarios, como la gammagrafía testicular con tecnecio 99, que confirma el diagnóstico de torsión al mostrar ausencia de perfusión.
Durante el Doppler testicular se observa ausencia de flujo testicular. Este estudio es difícil de realizar en niños y depende del nivel de desarrollo tecnológico de los equipos y de la experiencia del operador. La resonancia nuclear magnética no se utiliza por los altos costos.
No existe para este síndrome. Se puede utilizar la versión externa de la torsión testicular, pero debe ser certificada por la ecografía Doppler, que es una alternativa en sitios donde la cirugía no está disponible. Sin embargo, la fijación testicular quirúrgica se debe realizar.
Si el cuadro clínico lleva menos de 8 horas de evolución, se lleva a exploración quirúrgica para destorsión y fijación. Además, se realiza la fijación contralateral del testículo sano por la posibilidad del 25% de torsión en el futuro. Después de 8 horas de evolución y de certificar la no viabilidad del órgano, se debe realizar la orquidectomía, además de la fijación del órgano contralateral.
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