
Las verrugas genitales son una manifestación del VPH. Conoce cómo se transmiten, opciones de tratamiento y cuándo consultar al urólogo.
Se presentan como protuberancias blandas, del color de la piel o ligeramente más oscuras, y su tamaño puede variar desde casi imperceptibles hasta lesiones más visibles agrupadas. Pese a que muchas veces no causan dolor ni síntomas notorios, su aparición puede generar preocupación, incomodidad y dudas. Reconocerlas y tratarlas adecuadamente es clave no solo para cuidar la salud íntima, sino también para cortar la cadena de contagio y prevenir complicaciones futuras.
Las verrugas genitales son causadas por cepas específicas del VPH, principalmente los tipos 6 y 11. Estas cepas no están asociadas al cáncer, pero sí provocan lesiones visibles en la piel de la zona genital, anal o incluso en la boca y garganta si ha habido contacto oral-genital.
Es importante aclarar que existen más de 100 tipos de VPH y no todos generan verrugas. Algunas cepas son consideradas de “alto riesgo” porque se relacionan con el desarrollo de cáncer cervicouterino, de pene, de ano y de orofaringe, mientras que las responsables de las verrugas son de “bajo riesgo” pero igualmente requieren atención médica.
La principal vía de contagio de las verrugas genitales es el contacto sexual sin protección con una persona que tenga el virus, aunque esta no presente lesiones visibles. El VPH puede transmitirse por contacto genital-genital, vaginal, anal u oral.
También es posible que haya contagio a través del contacto con piel infectada, sin que se haya producido una relación sexual con penetración. Incluso personas con una sola pareja sexual pueden infectarse si esa pareja es portadora del virus.
En la mayoría de los casos, las verrugas genitales no producen dolor ni ardor, lo que puede llevar a que pasen desapercibidas durante un tiempo. Sin embargo, es común que las personas noten pequeñas protuberancias en la piel de la vulva, pene, escroto, ano o ingles.
Estas lesiones pueden presentarse de forma aislada o en grupos. Algunas tienen forma de coliflor, mientras que otras son tan planas que apenas se perciben. En algunos casos, pueden causar picazón, irritación o molestias durante las relaciones sexuales.
Cualquier persona sexualmente activa puede estar expuesta al VPH. No obstante, hay factores que aumentan el riesgo de desarrollar verrugas genitales:
La vacunación contra el VPH es una herramienta fundamental de prevención, y aunque no elimina el riesgo por completo, reduce de forma significativa la posibilidad de contagio por los tipos de virus más frecuentes.
El diagnóstico se basa principalmente en el examen físico realizado por el especialista. En hombres y mujeres, el urólogo o ginecólogo puede identificar las lesiones a simple vista, aunque en algunos casos se necesita una evaluación más detallada o pruebas complementarias si se sospecha de otras alteraciones.
En mujeres, también es importante realizar una citología o prueba de Papanicolaou de forma periódica, ya que permite detectar cambios en las células del cuello uterino que podrían estar relacionados con cepas de alto riesgo del VPH.
Existen diversas opciones para tratar las verrugas genitales, dependiendo del tamaño, número, ubicación y preferencias del paciente. Algunas de las más comunes incluyen:
Es importante destacar que tratar las verrugas no elimina el virus por completo del organismo. El sistema inmunológico del paciente juega un papel clave para controlar la infección.
Sí, las verrugas genitales pueden reaparecer después del tratamiento, ya que el VPH puede permanecer latente en el cuerpo. La reaparición no siempre significa que haya habido un nuevo contagio; puede deberse a una reactivación del virus presente.
Por eso, además del tratamiento médico, es importante mantener controles periódicos, fortalecer el sistema inmune, usar preservativo en todas las relaciones sexuales y hablar abiertamente con las parejas sexuales sobre prevención.
La mejor forma de prevenir las verrugas genitales y otras complicaciones del VPH es la vacunación. Esta vacuna está incluida en muchos programas de salud pública y puede aplicarse tanto en mujeres como en hombres, idealmente antes del inicio de la vida sexual.
Además, el uso consistente del condón reduce el riesgo de transmisión, aunque no lo elimina por completo. Finalmente, mantener una vida sexual responsable y acudir regularmente al urólogo o ginecólogo permite detectar cualquier alteración a tiempo y recibir el tratamiento adecuado.
* Recuerda, esta entrada es informativa y no reemplaza la consulta directa con un profesional de la salud.
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