
El estrés afecta a la próstata, tal cual sucede con las molestias digestivas, problemas respiratorios, taquicardias, hipertensión.
La micción nocturna, la urgencia por encontrar un baño e incluso la pérdida involuntaria de orina producen situaciones estresantes en el hombre. El estrés provoca la liberación de adrenalina. Las fibras musculares de la próstata y el cuello vesical contienen receptores alfa que responden a la adrenalina. Y cuando esta se libera, produce la contracción de tejidos dando lugar al cierre de la uretra.
Si eso pasa, se produce la obstrucción que justifica que el paciente tenga que hacer más fuerza para orinar, que el chorro de la orina sea más fino y que no vacíe por completo la vejiga después de la micción.
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