
Cumplir 45 años es entrar en una etapa en la que algunos cambios relacionados con la edad comienzan a hacerse más evidentes y ciertas enfermedades se vuelven más frecuentes.
La próstata, la vejiga, el suelo pélvico, la función sexual y hasta la manera de orinar pueden experimentar modificaciones progresivas.
Como urólogo, mi recomendación es no esperar a que exista un problema importante para prestar atención a estas señales. Un chorro urinario que pierde fuerza, levantarse repetidamente durante la noche, presentar pérdidas involuntarias o experimentar cambios persistentes en la función sexual merecen atención. No todo es consecuencia inevitable de la edad y muchas alteraciones pueden tratarse.
Uno de los primeros aspectos que podemos observar es un cambio en el patrón urinario. Algunas personas empiezan a ir al baño con mayor frecuencia, sienten más urgencia o se despiertan durante la noche para orinar.
Estos síntomas pueden tener múltiples explicaciones. La cantidad de líquidos ingeridos, determinados medicamentos, enfermedades como la diabetes y alteraciones de la vejiga pueden influir. Cuando el cambio aparece de forma persistente, debemos buscar su causa en lugar de asumir que simplemente ocurre por cumplir años.
En los hombres, la próstata cambia progresivamente con la edad y puede aumentar de tamaño. La hiperplasia prostática benigna es un crecimiento no canceroso que se vuelve más frecuente con el paso de los años.
Cuando este crecimiento dificulta la salida de la orina, pueden aparecer un chorro débil o entrecortado, dificultad para comenzar a orinar, goteo al terminar y sensación de no haber vaciado completamente la vejiga.
Tener estos síntomas no significa automáticamente que exista cáncer de próstata, pero sí justifica una valoración para determinar su origen.
Despertarse una o varias veces durante la noche para ir al baño se conoce como nocturia o nicturia. Aunque se vuelve más frecuente con la edad, tampoco debemos considerarla siempre normal.
Puede estar relacionada con problemas de vejiga o próstata, pero también con el consumo de líquidos antes de dormir, ciertos medicamentos, trastornos del sueño y diferentes enfermedades.
Si levantarse constantemente al baño está afectando la calidad del descanso, es conveniente comentarlo durante la consulta.
La incontinencia urinaria puede aparecer tanto en hombres como en mujeres y hacerse más frecuente con el envejecimiento, pero esto no significa que deba aceptarse como algo inevitable.
En las mujeres, los embarazos, partos, cambios del suelo pélvico y la menopausia pueden influir. En los hombres pueden existir problemas relacionados con la próstata o antecedentes de determinados procedimientos urológicos.
También debemos identificar cómo ocurre la pérdida: al toser, estornudar o hacer ejercicio; después de sentir una urgencia repentina; o como un goteo relacionado con dificultades para vaciar la vejiga.
La respuesta sexual también puede experimentar modificaciones. En los hombres pueden aparecer dificultades para conseguir o mantener una erección, cambios en la eyaculación o disminución del deseo sexual.
La disfunción eréctil, en particular, no debe atribuirse automáticamente a la edad. Puede relacionarse con diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular, determinados medicamentos, factores hormonales y aspectos emocionales.
En las mujeres, los cambios hormonales alrededor de la menopausia pueden ocasionar sequedad vaginal, molestias durante las relaciones y síntomas urinarios.
Los riñones también experimentan cambios con el envejecimiento. Además, enfermedades como hipertensión y diabetes, que pueden afectar progresivamente la función renal, se hacen más frecuentes en la edad adulta.
Por esta razón, el seguimiento de la presión arterial y los controles indicados por el médico adquieren especial importancia. La enfermedad renal puede avanzar durante mucho tiempo sin producir síntomas evidentes.
No existe un examen urológico idéntico para todas las personas al cumplir 45 años. Los controles deben individualizarse según el sexo, los síntomas, los antecedentes familiares y los factores de riesgo.
En los hombres también es el momento de conversar con el médico sobre la salud prostática y determinar cuándo corresponde iniciar la detección temprana del cáncer de próstata según el riesgo individual.
Sangre en la orina, dificultad para orinar, dolor persistente, infecciones urinarias repetitivas, pérdidas de orina o cambios importantes en la función sexual son razones para consultar independientemente de la edad. Después de los 45, prestar atención a estas señales permite dejar de atribuirlas simplemente al paso del tiempo y empezar a entender qué está ocurriendo.
* Recuerda, esta entrada es informativa y no reemplaza la consulta directa con un profesional de la salud.
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